Una historia de paz sin fronteras basada en hechos reales
MUGA es un espectáculo de clown dirigido por Patri Coronas junto a todo un equipazo de profesionales aragoneses del teatro como Raquel Poblador en vestuario, Soledad Jimenez a los títeres, Inés Castán y Érica Urdeitx en la escenografía, o el maravilloso Ibai Bona en el asesoramiento lingüístico aragonés.
En él se cuentan las venturas y desventuras de Pietro, un pastor en plena trashumancia. Pietro llega a casa feliz después de un duro día de trabajo. Hasta que descubre (o eso es lo que él cree), que alguien ha saltado la valla de casa y ha tocado el botijo. Eso lo cambia todo…
“¡¡NO SE PUEDE IR SALTANDO VALLAS!!”
Esto le cabrea. Y cuanto mas cabreado, el payaso se vuelve mas vulnerable y mas torpe. Caídas, golpes y resbalones no faltarán; pero tampoco magia, marionetas, música en directo y algo que ya es seña de identidad de Cachito Show: la participación del público.
Pero… ¿Por qué Pietro se comporta así?
A esta pregunta le dará respuesta Bufón. Un cetro parlante, que con su propio espectáculo de títeres nos contará las razones por las que Pietro es así.
Todo sucedió en el lejano siglo XIV…
Así nos sumergimos así en un viaje en el tiempo guiado por Bufón. Quien incluso saldrá del guiñol para intentar hacer entrar en razón a Pietro pero…
¿Concluirá con un nuevo Pietro? ¿Nos abrirá la valla de casa y de su corazón?
EL SIGLO XIV
Contexto cultural e histórico del espectáculo por Antonio Jesús Gorria.
MUGA, en ciertas lenguas pirenáicas como aragonés o euskera, significa frontera.
La base histórica y cultural del espectáculo radica en el “Tributo de las tres vacas”. El tratado en vigor más antiguo de Europa, un símbolo de paz entre dos pueblos de pastores (navarros y franceses) que, a raíz de que las vacas de unos cruzaban la frontera y pastaban en el valle de los otros, entraron en un cruel conflicto bélico a mediados del siglo XIV.
Este conflicto se pacifico gracias a la intervención de un pequeño pueblo vecino de ambos: El aragonés pueblo de Ansó. Los ansotanos dictando sentencia acabarían con la guerra dando pie a una importante tradición: la entrega del “Tributo” como signo de paz.
Cada 13 de julio, desde 1375, el pueblo bearnés del valle de Baretous y el navarro de Roncal se reúnen en la Piedra de Saint Martin, enclave fronterizo en el que los franceses hacen entrega a los navarros de tres de sus mejores vacas bajo la atenta mirada de sus árbitros ansotanos.
Convirtiendo lo que un día fue guerra en una fiesta de paz al grito de:
¡¡PAX ABANT!! (“Paz en adelante”).






